
Casi ninguna nación tiene los siete recursos estratégicos en casa. El comercio tapa esos huecos sin necesidad de invadir a nadie — al menos hasta que te compensa invadirlos. La tasa de conversión es fija y muy concreta: 1 fábrica civil compra hasta 8 unidades de un recurso... salvo que ese vendedor sea tu propio títere, donde la tasa puede multiplicarse por diez.
La tasa real: 1 fábrica civil por 8 unidades
Cada fábrica civil que destinas a un acuerdo comercial compra hasta 8 unidades de un recurso disponible en el mercado — necesitas gastar al menos 1 fábrica civil entera para cerrar cualquier trato, aunque el vendedor tenga menos de 8 unidades libres. Las fábricas civiles que gastas en importar se suman temporalmente a las del país vendedor mientras dure el trato: ese país puede usarlas para construir, cumplir requisitos de foco, o incluso para comprar recursos de un tercero.
No hace falta ningún acuerdo diplomático previo para comerciar: basta con tener 0 o más de influencia comercial con el país, acceso comercial, y que tenga excedente disponible. El exportador ni siquiera necesita aprobar el trato.
Por qué comerciar con tus propios títeres sale más barato
Aquí está la palanca que casi nadie explota a fondo: comerciar con tus propios estados títere rompe la tasa normal de 8 unidades por fábrica. Un gobierno colaboracionista o un Reichskommissariat directamente subordinado te vende a 80 unidades por fábrica civil —diez veces la tasa normal— mientras que dominios y estados satélite más independientes ofrecen entre 10 y 16 unidades por fábrica. Algunos focos nacionales desbloquean leyes o espíritus que mejoran todavía más esta tasa, como Comercio Ampliado en Alemania o el Puerto de Amberes en Bélgica.
Las leyes comerciales que lo condicionan todo
Tu propia ley de comercio decide qué porcentaje de tu propia extracción de recursos se reserva para exportar al mercado, esté vendida o no:
Libre Comercio reserva un 80%,
Enfoque en Exportación un 50%,
Exportaciones Limitadas un 25%, y
Economía Cerrada un 0%. Cuanto más libre sea la ley, mayores son también los bonificadores de producción de fábrica, velocidad de construcción e investigación que lleva asociados — pero también menos recursos propios te quedan en casa si no tienes suficiente superávit.
Cuando se corta el suministro
El comercio se corta si entras en guerra con quien te vende, si te imponen un embargo, o si el enemigo te corta las rutas de convoy o de tránsito terrestre — sin una ruta de transporte válida, el trato deja de entregar recursos aunque sigas pagando las fábricas civiles por él. Depender demasiado de un solo proveedor para un recurso crítico es un riesgo: si esa ruta se corta a mitad de guerra, tu producción se resiente justo cuando más falta te hace.
El precio de ignorarlo
Ignorar la pantalla de comercio toda la partida y dejar que tus fábricas rindan mal por recursos que podrías haber comprado sin esfuerzo es el error de siempre. El segundo es no aprovechar la tasa de descuento al comerciar con tus propios títeres, pagando la tasa normal de 8 unidades por fábrica cuando podrías estar comprando a 80. El tercero es depender del comercio con un país que sabes que vas a atacar más adelante — planifica alternativas antes de cortar tú mismo el grifo.