Captura oficial de la interfaz del juego

Casi ninguna nación tiene los siete recursos estratégicos en casa. El comercio es la forma de tapar esos huecos sin invadir a nadie — al menos hasta que te conviene invadirlos.

Cómo funciona el comercio

Cada país tiene un excedente de recursos disponible para vender, y tú puedes comprarlo destinando parte de tu capacidad industrial civil a pagarlo — cuanta más produzcas, más margen tienes para importar lo que te falta. No hace falta ningún acuerdo diplomático previo en la mayoría de los casos: el comercio básico está siempre disponible mientras haya paz y rutas abiertas.

Nota para principiantes: revisa la pantalla de comercio nada más empezar la partida. Si te falta acero, caucho o tungsteno desde el minuto uno, cada día que tardes en comprarlo es producción perdida en tus fábricas militares.

Con quién comerciar

Los países con grandes territorios coloniales o mucha superficie suelen tener excedentes grandes de varios recursos — piensa en el Reino Unido, Francia o la URSS. Comerciar con potencias neutrales también es una vía habitual para naciones del Eje o los Aliados que necesitan recursos que sus propios aliados no tienen.

Publicidad

Cuando se corta el suministro

El comercio se corta si entras en guerra con quien te vende, si te imponen un embargo, o si tus rutas de convoy quedan cortadas por el enemigo. Depender demasiado de un solo proveedor para un recurso crítico es un riesgo: si esa ruta se corta a mitad de guerra, tu producción se resiente justo cuando más la necesitas.

Errores comunes

El error más habitual es ignorar la pantalla de comercio durante toda la partida, dejando que la eficiencia de tus fábricas se resienta por falta de recursos que podrías haber comprado sin esfuerzo. El segundo es depender del comercio con un país que sabes que vas a atacar más adelante — planifica alternativas antes de cortar tú mismo el grifo.