
Esta mecánica llegó con el DLC La Résistance — sin él no tendrás acceso a la agencia de inteligencia. Con ella activa, tu capacidad de espiar (o de que te espíen) se convierte en una partida dentro de la partida.
Operaciones de espionaje
Reclutas y entrenas agentes, y los infiltras en un país objetivo. Una vez dentro, puedes lanzar operaciones concretas: robar planos de tecnología, sabotear su producción industrial, dañar su ejército o su armada, o incluso allanar el terreno para un golpe de estado. Cada operación consume tiempo y recursos de tu agencia, así que hay que priorizar en vez de intentarlo todo a la vez.
Descifrado de códigos
Si dedicas suficientes recursos a ello, puedes empezar a descifrar las comunicaciones de radio de otro país, lo que te da visión parcial de sus movimientos militares y de su forma de librar la guerra. Es una de las ventajas más silenciosas pero más valiosas de la mecánica: saber por dónde va a golpear el enemigo vale más que casi cualquier sabotaje puntual.
Contrainteligencia
De la misma forma que tú puedes espiar, otros países pueden infiltrar agentes en el tuyo. La contrainteligencia detecta y neutraliza esas operaciones enemigas antes de que hagan daño. Ignorarla por completo deja tu industria y tu ejército expuestos a sabotajes que ni siquiera vas a saber de dónde vinieron.
Errores comunes
El error más habitual es tratar la agencia de inteligencia como un lujo opcional y no asignarle presupuesto ni personal, dejándola inactiva toda la partida. El segundo es concentrar toda la capacidad de espionaje en un único país objetivo cuando en realidad la amenaza (o la oportunidad) viene de varios frentes a la vez.